Y ya para acabar:

8.    El caso es que no sé como calificar a Ian Rankin, porque las novelas del inspector Rebus parecen más novela negra que policiaca. Sus novelas encajan en lo que se ha denominado Tartan Noir (en alusión a los cuadros escoceses). Es un tipo duro donde los haya, y lo tiene todo: es borracho, pendenciero, maleducado. Le secunda su niña bonita, la agente Siobhan Clarke, que cada vez más se parece a su maestro: un apestado de la policía de Edimburgo al que todos le tienen ganas, especialmente sus jefes, por ser políticamente incorrecto. La música, rock marginal, es muchas veces la protagonista. De todas las novelas, las mejores son Aguas turbulentas y, especialmente, Resurrección, que es mucho más que una novela negra.

9.    Algo parecido pasa con Philip Kerr, el autor de la trilogía Berlin Noir, que poco a poco ha ido ampliándose. El detective Bernie Gunther, que ha dejado la policía expulsado por los nazis, es de una dureza comparable a la de Philip Marlowe o Sam Spade. Los diálogos son muy ingeniosos (lo increíble es que ningún nazi le rompa los morros por su descaro). La trilogía original (Violetas de Marzo, Pálido Criminal y Requiem Alemán) cubría el ascenso nazi y la postguerra, pero se ha ido ampliando, combinando con flash-backs el Berlín de los años 30 y la Alemania de la postguerra o la Sudamérica de los 50.

10.    Lorenzo Silva, y el sargento Bevilacqua, de la Benemérita cierran la lista, con títulos como El lejano país de los estanques, El Alquimista impaciente o la última, La estrategia del agua. Un dignísimo sucesor de ese preclaro jefe de la policía local de Tomelloso, Plinio, de Francisco García Pavón, que tantos casos resolvió con ayuda del farmacéutico, don Lotario.

Se quedan algunos versos sueltos: El engaño de Selb y La justicia de Selb, de Bernhard Schlink; las novelas del comisario Bordelli de Marco Vichi; o Solo un muerto más, de Ramiro Pinilla. Alguno me dirá que faltan escritores imprescindibles, y seguro que lleva razón. Sin embargo, para gustos los colores; y en este caso, solo uno: el negro.

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